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Rubén Robles, una vida ligada a Racing Club

Rubén Robles, una vida ligada a Racing Club
Entrevista a Ruben Robles
Historia

Mate de por medio, menos sabrosos de los que ceba todas las mañana a aquellos que visitan la Secretaria, fueron 34 minutos y 20 segundos charlando sobre el club “en blanco y negro” y “a color”. Y es que mirando la rica historia racinguista, son casi siete décadas que las vivió observando cada paso.

Rubén Manuel Robles es alguien que puede contar más de media vida sobre el primer campeón, con una memoria envidiable hasta en los mínimos detalles. Por fortuna, sigue yendo cada mañana al predio y está disponible a la orden del día.

Esposo de Beatriz Beltramino, es el padre de Bibiana y el periodista Daniel Robles. Desde chico, sus cuatro hermanos y toda su familia lo apoyaron en estar en la institución. Antes venía de la quinta al pueblo caminando, después en bicicleta y más tarde en moto con caminos complicados. Hoy se siente realizado.

“Arranqué a los 14 años, trabajando en la Subcomisión de fiestas. Íbamos a la casa de Enrique (Nervi) a hacer sobres a máquina, los otros muchachos pegaban estampillas y se armaban los boletines de los bailes, que se mandaban por correo. La secretaría estaba donde hoy está La Ciudad, pero nos juntábamos en la casa de noche. Fue desde el año 1949, 1950… Era un pibe”, contó en diálogo con El Primer Campeón. Hoy tiene 82 años, es decir, hace 68 que aporta su granito de arena al club.

Amor a la camiseta

En esa época no había divisiones inferiores, pero una vez que viajaron a Buenos Aires para jugar los Juegos Evita empezaron a decidirse para ver donde jugaban en la localidad. Sin dudarlo, “Cholo” comenzó a ponerse la camiseta del “albo”.

“Empecé a jugar en Racing cuando tenía 14 años; siempre fui de Racing y ahí nomás me fichó Alberto Pedro Bertone, que era secretario del club. En esa época estaba la Primera, Reserva y la Tercera, que éramos nosotros. En Reserva jugaban los que quedaban afuera de Primera”.

“Era todo muy distinto en la década del ‘50, donde jugaba además de colaborar con la directiva. En Primera eran 11 jugadores y no había cambios; si se lesionaba alguno -pasaba poco- se jugaba con 10. Si se lesionaba el arquero, uno del centro pasaba al arco. No había tarjetas ni alambre olímpico; era raro que se suspenda algún partido. Casi nadie cobraba, eran muy contados sobre todo algún refuerzo de afuera”.

“Yo era chico y empecé a alternar en Reserva, porque no había edad. En esa época trabajaba en la Casa Galli y no había entrenamientos, sólo nos juntábamos los domingos. Era raro que se lesione alguien”.

“Se jugaba todos los domingos, como ahora. Para viajar a los partidos, por ejemplo a Realicó, Alvear o Quemú Quemú, salíamos a las 9 de la mañana para llegar a las 14 horas. Volvíamos a las 21 o 22 horas, eran todos caminos de tierra. Íbamos en un colectivito modelo 1929, un montón de veces parábamos porque el motor recalentaba”.

“No había vestuarios en ningún lado. Cuando íbamos a Realicó comíamos debajo de una plantación al lado del cementerio de Embajador Martini; y a veces nos cambiábamos ahí. Camino a Quemú, parábamos en una plantación cerca de Dorila; y antes de llegar a partidos en Intendente Alvear, almorzamos en frente de la estancia la Guerita y también nos cambiábamos para jugar debajo de las plantas. ¿Bañarnos después del partido? No, era imposible”.

“Me quedé con una camiseta, la presté y no me la devolvieron más. No tenían números al comienzo, después los poníamos con cuatro broches. La estrella siempre fue bordada; terminábamos los partidos y cada uno se lavaba la camiseta en su casa”.

“La cancha (actual Héctor Nervi) era de gramilla y tenía caños en vez de alambrado, al igual que la cancha de Costa Brava. La mayoría de las canchas tenían palos con un alambre a la altura de la cintura y un alambre. Era todo distinto, si algún domingo no nos ponían a jugar llorábamos”.

“Jugué hasta los 28 años, dejé porque me casé (risas) y a veces no tenía tiempo porque había mucho trabajo de Brandemann. Nunca cobré, sólo en Sportivo Realicó un poquito porque cuando tenía 20 años me fui a trabajar a Realicó durante un año y me dieron a préstamo. En Racing jugábamos por amor a la camiseta”.

"Cholo" dirigente

Una vez que no pisó más la cancha como futbolista, se sumó a la Subcomisión de Fútbol de la época. En aquel entonces, el club se manejaba con la Comisión Directiva y subcomisiones.

“Estaban Heber Pregno, Ciparelli, Branca, Cacho Mandrile y varios más. Empezó a aparecer la figura del director técnico fijo y fue más profesional. Trabajábamos en el club cuando se ganó la Liga invicta de 1970. Había refuerzos que llegaban en el Chevallier los sábados a las 6 o 7 de la mañana y se iban el domingo a la noche después que les pagábamos, porque los esperábamos en la Secretaría. Hasta el fin de semana siguiente no los veíamos”.

“Hubo momentos que uno dejaba de estar en la directiva, después te iban a buscar. Cuando era más grande dejé bastante tiempo hasta que me llamó Marcelo Bonetto en 2009 para sumarme a la Subcomisión de obras. Miguel Arahuete era el presidente y yo tesorero: empezamos a manguear a la gente y cuando nos veían nos cerraban las puertas (risas); pero bueno tuvimos mucho apoyo de la gente y logramos cerrar el gimnasio Coliseo Albo”.

“Se abrió la Secretaría acá al lado del arco de entrada del club y acá seguimos todas las mañanas dando una mano de secretario. Las cuentas están bien, todas claras y se hicieron muchas obras. El grupo de trabajo es muy bueno”.

“En la época que era chico, era difícil salir a estudiar porque no había Universidades en la zona y no teníamos capacidad financiera para estudiar. Terminé la Escuela y empecé a trabajar, pero de noche iba a la nocturna. Ahí estudiaba Contabilidad los lunes, Dactilografía los miércoles y Morse los viernes. Me sirvió mucho para el trabajo y para todo lo que hago ahora en el club”.

Tarea cumplida

“En estos años me llamó la atención como cambió todo por la tecnología. Antes queríamos llamar a Pico para hacer algo para el club y tardaban cinco o seis horas en atenderte, ahora es en un segundo. No había rutas de asfalto, un viaje a Buenos Aires en tren tardabas 12 horas”.

“El club progresó muchísimo en lo edilicio e institucional. Una persona que se fue de Eduardo Castex hace 50 años y vuelve ahora, no podrá creer como está el predio. Cuando era chico estaba la cancha de fútbol y la pileta, nada más. Antes se jugaba en los potreros de los barrios, ahora no se ven porque los chicos en buena hora se juntan en los clubes”.

“Me gusta ir a la cancha, tengo la tarjeta abono jaja. A veces no lo uso pero lo tengo, me gusta ir. Se sufre eh! Me gusta ir a la tribuna, uno anhela en superarse como club pero era difícil imaginar tener las tribunas. Y la cabina de transmisión -lleva su nombre- la hicimos con una campaña junto a Quique Sorba, la década pasada. Decidimos hacerla cuando en las finales vimos muchos periodistas en carros y bueno, el arquitecto Buffa hizo los planos y levantamos una parte (le falta el otro piso). El estadio nuestro es muy lindo y cómodo”.

“Estoy muy contento, se colaboró bastante y hay que seguir".

“Cholo” fue reconocido en la última Asamblea con aplausos y hace tiempo tiene su merecida estrella de oro. Con 82 años, sigue estando cada día en la institución. “Uno lo hace porque lo siente y lo lleva adentro”, sentenció. Eternamente gracias…

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